Hace muchos años en un lugar mágico del norte
de Gran Canaria llamado Gáldar, había un árbol que daba un fruto muy especial.
Eran manzanas doradas que convertían en inmortal a todas aquellas personas que
se las comían. Para proteger a ese árbol, los dioses que vivían tras las nubes crearon
un dragón llamado Drago que ¡tenía 100 cabezas para poder vigilar el árbol
durante el día y durante la noche!
Pero en una tarde de invierno mientras llovía,
al lugar dónde se encontraba el árbol mágico llegó Hércules, un humano que
quería convertirse en inmortal, y para ello debía comerse una de las manzanas
del árbol. Drago intentó impedírselo, pero fue entonces cuando Hércules sacó su
espada y mató al dragón cortándole sus 100 cabezas. De las heridas del dragón
corrieron ríos de sangre. La sangre se iba metiendo en la tierra y de cada una
de las gotas de su sangre, creció un árbol. Ese árbol crecería con fuerza y con
retorcidas ramas como las 100 cabezas de Drago el dragón.
El nombre de esos árboles fue el mismo que el del dragón. Los árboles se
llaman Drago. Hoy, 300 años después, podemos ver los dragos que están en
nuestra ciudad para protegernos de todos los que se atrevan a perturbar
nuestras sagradas tierras.

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